Nate
Halsey sabe responder los desafíos. A lo largo de sus 38 años de vida,
ha saltado a grandes vacíos atado a una cuerda elástica en Sudáfrica, ha
volado en ala delta en los Alpes franceses y hecho paracaidismo en
Colorado. También ha escalado montañas rocosas, ha buceado, participó
con otras 11 personas en una carrera de relevos de 200 millas, ha
corrido cinco maratones y completó un curso de canotaje Outward Bound de
tres semanas, entre las cuales se incluyó un lapso de tres Bound de
tres semanas, entre las cuales se incluyó un lapso de tres días que pasó
a solas y sin comer. Ha recorrido la costa de Suecia en bicicleta,
escalado hasta el campamento base del Monte Everest, y ha estado en 50
países.(Hoy en día tiene su sede en Boston y viaja más que todo como
consultor empresarial en energía renovable para las comunidades rurales
de países pobres).
El
desafío que a Nate le resultaba más difícil de superar es el que
equivale al secreto de su excelente salud: todos los días, antes de irse
al trabajo, se ducha en agua helada.
Tomó
la idea hace diez años de un amigo alemán que había vivido en un
internado de los de antes, donde por disciplina cada mañana él y sus
compañeros debían ducharse con agua fría. El amigo juraba que esa era la
razón por la cual nunca se enfermaba.
Piénselo:
las duchas de agua fría llevan mucho más tiempo con nosotros que las
duchas de agua caliente, pero no siempre se consideraba saludables.
Antes eran la única opción.